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Actualmente un dilema que se trata de resolver es la erradicación de la pobreza y la inclusión de los pueblos indígenas en la matriz productiva. En este artículo hacemos énfasis en la gran oportunidad para alcanzar estos objetivos mediante su propia cultura, sus conocimientos ancestrales que representan un potencial para el crecimiento económico de sus comunidades y una oportunidad de empleo decente que debe ser promovido desde los gobiernos.

La cultura y la identidad de los pueblos es un fenómeno dinámico, que con el paso del tiempo puede perderse o alterarse; es un deber de las naciones resguardar estos tesoros. Antropológicamente hablando, la historia de un pueblo y la preservación de su cultura y sus costumbres ha sido una necesidad de expresión humana y por otro lado ha sido un transmisor de conocimientos vitales para la evolución cada sociedad. La construcción de la identidad no es un proceso que se edifica solo, es un proceso en el que la enseñanza juega un rol primordial y es una obligación del estado garantizar su correcta preservación y difusión.

La artesanía además de la religión, las manifestaciones culturales, y la comida tradicional entre otros, es claramente una manera de transmitir la historia y las diferentes culturas de la humanidad que nace desde la prehistoria con la necesidad de fabricar objetos que faciliten las actividades diarias del ser humano. Hablar de las artesanías es hablar de los artesanos puesto que son ellos los personajes principales de este tema, ellos no solo utilizan las artesanías; sin ellos no se producirían estos objetos y no perduraría la tradición y el conocimiento que heredan de sus antepasados.

Hablar de artesanos es hablar de innumerables comunidades indígenas que en su mayoría pertenecen a sectores deprimidos económicamente de la sociedad. Aunque las principales ocupaciones laborales de los pueblos indígenas difieren de país en país nos encontramos con el común denominador de que son poblaciones ricas en expresiones culturales y técnicas artesanales que representan una increíble oportunidad de empleo y crecimiento sostenible.

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Entre algunas de las actividades tradicionales que sustentan estas comunidades indígenas resaltan la agricultura y las artesanías que sin en el apoyo de políticas gubernamentales que hagan énfasis en el desarrollo de habilidades y la formación profesional en campos en el que ellos ya tienen una destreza excepcional cada vez resultará más difícil crear igualdad de trabajo y una matriz productiva inclusiva.

La falta de protección y apoyo en sus derechos al acceso a un trabajo decente y protección social provoca que no solo se dé una migración de zonas rurales a urbanas en busca de empleos mejor remunerados, pero también que nuestros indígenas abandonen sus oficios y sus expresiones culturales. Esta problemática vista desde otra perspectiva lastima nuestra cultura colectiva en la que los indígenas al ser creadores son los actores principales; si abandonan sus actividades artesanales perdemos todos.

Estudios realizados por la Organización Internacional del Trabajo, una agencia especializada de la Naciones Unidas, nos dice que el número de este tipo migraciones no ha cesado principalmente en Latinoamérica y en ciertos sectores al Sur de Asia en los que encontramos más indígenas trabajando informalmente en actividades domésticas, ventas ambulantes y en el sector textil industrial. En contraste con otros países como Nueva Zelanda donde se han generado programas de capacitación en pueblos indígenas resultando en un decrecimiento de la tasa de desempleo indígena; por ejemplo, en Māori este porcentaje a descendido de un 62% en el año 2008 a un 5.8% en 2013.

A pesar del esfuerzo que realiza el sector privado en el que algunos negocios combinan tendencias modernas con la inclusión del trabajo artesanal no es suficiente para erradicar la pobreza de estas comunidades. La falta de reconocimiento de sus habilidades tradicionales y una correcta educación y entrenamiento en como sus conocimientos representan una manera de crecimiento económico deben ser temas cruciales en los planes de trabajo de los gobiernos. Medidas como un fácil acceso a ayuda financiera y capacitación en emprendimientos en conjunto con la creación de espacios que junten al mercado consumidor con el producto artesanal son necesarias para que las comunidades indígenas puedan tener un trabajo decente y formal mientras que siguen practicando su cultura.

Referencias: Indigenous women workers, with case studies from Bangladesh, Nepal and the Americas. Working Paper. ILO 2012

Indigenous peoples access to decent work and social protection. Thematic Paper. Inter-Agency Support Group On Indigenous Peoples’ Issues. ILO 2014.

Hecho Por Nosotros Centro de Investigación con la colaboración de Joshe Ordonez

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No es ninguna sorpresa que la industria textil, después de la petrolera, sea una de las que mueve más capital en el mundo y que detrás de ella se escondan millones de trabajadores. No obstante los atractivos desfiles y el seductor visual merchandising de las marcas de moda; no todo es color de rosa en la producción de indumentaria.

Aproximadamente un 75% de la mano de obra en el sector textil y de moda esta compuesto por mujeres. Por un lado, es positiva la democratización de los puestos de trabajo, considerando la discriminación de género en estos temas y sobre todo teniendo en cuenta que las actividades textileras han sido relacionadas con el sexo femenino desde épocas previas a la revolución industrial. Pero, con una mirada más profunda a lo que esta sucediendo en la cadena productiva lo mínimo que podemos hacer es preocuparnos e informarnos si estas trabajadoras mujeres están recibiendo el trato que se merecen por producir lo que vestimos todos los días.

Es inexplicable como muchas de las empresas y marcas con mejores ingresos económicos sigan sin garantizar salarios justos, trabajos decentes y seguridad laboral. De la misma manera, es inexplicable que en pleno Siglo XXI sigan existiendo mujeres esclavizadas en una fábrica 60 a 140 horas semanalmente para que el pan de cada día no falte es sus hogares.

Emilie Schultze, del colectivo Fashion Revolution de Inglaterra, hace énfasis en el dato de que las mujeres en Bangladesh perciben un sueldo 50% inferior al salario mínimo para cubrir sus necesidades básicas; también reporta que en general, las mujeres tienen salarios inferiores a los que percibe el sexo masculino.

Esta problemática no es exclusiva de países orientales, en Latinoamérica, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL la feminización de la mano de obra en esta industria ha ido aumentando desde las últimas décadas y es un porcentaje que sigue una tendencia de crecimiento.

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Picture by Fashion Revolution / Singapore

Desde enormes fábricas hasta el trabajo desde sus propios hogares las mujeres latinas tienen un rol primordial en la producción de indumentaria.

El empoderamiento femenino en lugar de ser tomado como una oportunidad para la erradicación de la pobreza en países en vías de desarrollo, también ha sido tomado como una ventaja por las grandes corporaciones para reducir sus costos de producción. La desigualdad social que viven las mujeres en contextos vulnerables es una de las razones por las cuales las empresas manufactureras se aprovechan para tener mano de obra más dócil y barata.

Por lo general, en esta industria las mujeres acceden a los puestos de trabajo con los peores salarios y sin muchas oportunidades de crecimiento.

Se cree que otro factor que no deja que se superen estos problemas es la falta de apoyo o la prohibición por parte de los empleadores a formar sindicatos de trabajadores o grupos internos para que las trabajadoras puedan reclamar sus derechos. El miedo a perder su trabajo es una de las causas que muchas veces callan a las mujeres, cabe mencionar que en otras ocasiones la razón por las que pierden su trabajo es por estar en estado de embarazo, en lo que empleadores prefieren no asumir los costos y permisos de maternidad que las leyes demandan.

Si bien el papel de la mujer es primordial en esta industria que por décadas a ayudado a mujeres a sacar a sus familia a adelante y, que de una u otra forma ha contribuido a la igualad de género en ámbitos laborales, es importante que la integración de la mujer en estas plazas de trabajo sea protegida y regulada por las entidades competentes pero, más aún que estas medidas sean exigidas por el consumidor, quien a la final del día manda sobre las marcas de indumentarias, por más grandes que sean. Nosotros como consumidores somos los que con nuestra vanidad ayudamos a que ciertas personas en el mundo se enriquezcan a costa del sacrificio de otras, nosotros como consumidores tenemos la responsabilidad en nuestras manos de que esta industria haga más bien que mal.

Hecho Por Nosotros Centro de Investigación con la colaboración de Joshe Ordóñez

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